La desinflada es grande. No cabe un “gracias, guerreros”. Lo que pintaba legendario terminó siendo una experiencia con sabor a decepción. Una más. Justo cuando más ilusionados estábamos, en el preciso momento en que todo parecía a favor y dado para llegar a los cuartos de final del Mundial (por el buen momento de los nuestros y las bajas sensibles de Suiza), Colombia falló y se despidió de una maravillosa posibilidad de hacer historia.
¿Qué llevó al combinado patrio a ese aterrizaje forzoso cuando parecía con alas para llegar más alto en la cita ecuménica?
Qué llevó al combinado patrio a ese aterrizaje forzoso cuando parecía con alas para llegar más alto en la cita ecuménica?
1-La insistencia en James Rodríguez, un jugador sin ritmo de competencia y con mal estado físico. En todos los partidos anteriores quedó evidenciado, incluso en el que jugó aceptablemente ante Portugal, que no estaba para ser titular y que su desempeño era inferior al de Juan Fernando Quintero. Nada justifica su presencia infaltable en la alineación. A este nivel es jugar con uno menos. Frente a Suiza fue un cero a la izquierda. Cambio cantado. Jugó demasiado tiempo. Había una fe ciega en un futbolista que está en el ocaso de su carrera
2-La falta de contundencia. Colombia no fabricó tantas opciones de gol ante los suizos, pero en el tiempo extra contó con una inmejorable que Jáminton Campaz fue incapaz de definir. No se debe despilfarrar una oportunidad así en un instante clave. En la resolución por tiros penales quedó retratada la falta de puntería.
3-El orden táctico de Suiza. Fue un rival fuerte físicamente y hermético defensivamente que reprimió a un Luis Díaz sin inspiración y a toda una Colombia, que en este partido le faltó el plus y la jerarquía de los momentos cumbre.
Colombia desaprovecha la oportunidad de gol terminando el segundo tiempo suplementario lo que le hubiera dado el paso a los cuadrangulares finales.
